En un país polarizado como el nuestro y donde
tenemos problemáticas como una Ley Orgánica de Educación en algunos aspectos incompleta,
la implementación de una propuesta curricular que ha sido legitimada desde la
práctica únicamente y pese a la consulta por la calidad educativa, no tener aún
un currículo oficial en Educación Básica, entre otras problemáticas… Indiscutiblemente
el proceso educativo tiene una naturaleza política y el docente como mediador
del mismo, servidor social y como ciudadano está ligado a un compromiso
sociopolítico personal, con sus estudiantes,
organización educativa, comunidad, sociedad en general y el Estado (García, 2009).
Dicho
compromiso, debe determinar su ejercicio y contribuir al permitirle al
estudiante interpretar su realidad y reconocerse a sí mismo como parte integral
dentro de ella, cuya trascendencia redunda en la interacción de la escuela con
la comunidad y por ende en la transformación social de nuestro país. En este
sentido, los docentes al percibir actitudes intolerantes y violentas, debemos
mediar y ser parte de la solución, no del problema; fomentar el respeto a la
diversidad y la solidaridad que nos ha caracterizado como nación.
Es un
deber participar de manera activa y crítica con el desarrollo y preservación de
nuestra identidad nacional. En esta perspectiva, es necesario participar
activamente y bajo un ejercicio democrático en el aula, dentro de la comunidad
educativa a la que el sujeto docente, puede orientar para que sus miembros sean
críticos y se integren favorablemente para resolver sus problemáticas.


Otro ejemplo que visualizo, es la apatía hacia el lunes cívico en el liceo donde trabajo y a algunos docentes parece no importarle fomentar el amor por la patria, a través de los símbolos patrios. Es parte de la carencia de valores cívicos, porque hasta para conmemorar efemérides o celebrar una manifestación cultural, esperamos ser notificados por escrito o nos den lineamientos para que los proyectos de aprendizaje lo contemplen. En este sentido, hago énfasis en ser ejemplo, modelos a seguir que respeten las corrientes de pensamiento y fortalezcan la conciencia histórica, la ética y moral ciudadana, tolerancia, libertad, sana convivencia; así como la defensa de los derechos y deberes expresados en nuestra carta magna.
En esta línea, Ortega y Mínguez (2001) señalan que los
docentes hagan del diálogo su medio fundamental para establecer acuerdos que
permitan socializar, contrastar opiniones y consensuar decisiones. Que se conciba
la enseñanza y el aprendizaje como búsqueda y creación de conocimientos,
generando una actitud crítica frente a la realidad social y los saberes dados… implica
la denuncia de injusticias, hacer causa común con el otro.
Referencias
García,
E. (2009). Educación y Ciudadanía: Retos
de la Reforma Educativa Venezolana. Revista EDUCAB. ISSN N° 1856-9587.
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Ortega, P.
y Mínguez, R. (2001). Los Valores en la
Educación. España: Ariel.

